Regreso al árbol de la vida PDF
Amarré el bote al muelle y bajé a la orilla. El cielo del este ya había comenzado a clarear cuando tomé el camino del pueblo hacia la casa grande. Ahora me quitaré la ropa, me deslizaré desnuda bajo las mantas y me acurrucaré contra el cuerpo cálido de un hombre extraño y familiar, a quien aún no sé descifrar quién es ni qué significa para mí —amante o enemigo—, que me abrazará y tal vez también m...

Ehud Peled - Regreso al árbol de la vida

Regreso al árbol de la vida

Ehud Peled

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Publicado por
StreetLib eBooks

Idioma
español
Formato
epub
Cargado

Descripción

Amarré el bote al muelle y bajé a la orilla. El cielo del este ya había comenzado a clarear cuando tomé el camino del pueblo hacia la casa grande. Ahora me quitaré la ropa, me deslizaré desnuda bajo las mantas y me acurrucaré contra el cuerpo cálido de un hombre extraño y familiar, a quien aún no sé descifrar quién es ni qué significa para mí —amante o enemigo—, que me abrazará y tal vez también me deseará. ... Y me rendiré a él, y después me quedaré dormida, e incluso en mi sueño dudaré entre despertar y quedarme y dormir para siempre. Y tal vez sueñe con el Paraíso perdido. Con Gabriel y Miguel... y Uriel... y Rafael... y la Serpiente. Con los prados eternos, y las aguas cristalinas, y el árbol... sí, y el fruto suave y codiciado que sostuve entre mis diez dedos, y no supe decidirme —y tal vez, en realidad, me decidí.Esta eternidad, aunque a veces parece un deseo del corazón, es más aterradora que la vida misma e incluso más que la muerte. Y la vida... la vida de un mortal, a quien nadie le preguntó si deseaba entrar en este mundo. Pero ahora que ya estoy aquí, no me queda más remedio que vivir mi vida temporal sobre la faz de la tierra. Vivir los días, los paisajes y las personas... y tal vez también tener hijos... y amarlos.Sí, sobre todo: ¡amar!Amar, pues no es el fruto del Árbol del Conocimiento, ni el fruto del Árbol de la Vida, sino más bien el tercer fruto, el fruto del árbol que no se menciona en los pergaminos amarillentos enterrados en la gran vasija de barro, el fruto del Árbol del Amor, el árbol plantado en el corazón. Sí, hoy ya lo sé: este fruto es el fruto de la verdad, la única verdad digna del hombre.

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